miércoles, 27 de mayo de 2015

Hong Kong 02



     Los mercenarios tardaron menos de un minuto en llegar a la entrada del callejón, sacando sus armas de forma instintiva al entrar en el estrecho pasaje mal iluminado; sin embargo, el breve tiempo había sido suficiente para Wraith, que parecía haberse esfumado entre las sombras. Sus perseguidores no parecían mostrarse sorprendidos con su súbita desaparición, y se limitaban a escudriñar con cuidado el área, siguiendo el esquema propio de la milicia.

     -“Saben que sigo aquí”-pensó Wraith al contemplar su despliegue-, “saben que no he tenido tiempo suficiente para salir del callejón, y que debo estar escondido en algún lugar cercano, observándolos. Tengo que actuar rápido o terminaran por encontrarme”.

     Los dos hombres seguían moviéndose lentamente a través del callejón, revisando de manera metódica cada uno de los posibles escondites. A pesar de haber sacado sus armas no avanzaban apuntando, lo que resaltaba la impresión de Wraith de que su misión no era matarlo. Sentía mucha curiosidad por saber quién los había enviado y por qué; sin embargo, no se sentía de ánimo para interrogatorios, y aunque todavía tenía bastante tiempo disponible no pensaba malgastarlo en este aburrido juego del gato y el ratón.

     Así que se decidió por el camino rápido y se dejó caer sobre uno de los mercenarios, desde la pequeña plataforma en la que se había estado ocultando, a unos 5 metros sobre el suelo. Los huesos de la clavícula derecha del tipo crujieron cuando el codo de Wraith se clavó en ellos, obligándolo a soltar su arma en un espasmo de dolor. Sin darle tiempo a reaccionar, un puñetazo dirigido con precisión a su oído lo derribó, dejándolo en el suelo hecho un ovillo.

     El segundo perseguidor había reaccionado con velocidad, sobrecargando su sistema con adrenalina sintética; sin embargo, al levantar su pistola había dudado por un instante, para luego disparar hacía las piernas de su atacante. Ese ligero retraso había sido suficiente para Wraith, que dio un paso al diagonal para acortar la distancia y salir de la línea de disparo, esquivando el ataque, y aprovechando la cercanía para hundir su rodilla izquierda en uno de los costados del sujeto. Este intentó disparar a quemarropa sin éxito alguno, para luego sentir como un puño se insertaba con fuerza en el costado opuesto, haciéndole aún más difícil respirar; sin embargo intentó mantenerse en la batalla dando un paso atrás para crear algo de distancia, y lanzando un amplio golpe horizontal con la culata de su arma. Wraith lo esquivo con facilidad, agachándose un poco para luego subir con un golpe directo a la mandíbula del pistolero, que se desplomó sobre el pavimento.

     -No eran tan buenos al final –dijo en voz baja para sí mismo, mientras contemplaba a los dos hombres inconscientes en el suelo.

     Se inclinó sobre ambos y se tomó unos minutos revisándolos, para luego llevarse sus armas, sus teléfonos y sus billeteras, con la esperanza de encontrar alguna pista. Después regresó sobre sus pasos, hacía la atestada calle principal por la que había estado caminando inicialmente, antes de ser interrumpido. La multitud había aumentado, ahora que los empleados salían en grandes cantidades de los edificios corporativos, y los puestos de comida callejeros que inundaban las aceras trabajaban a toda marcha para calmar el hambre de obreros y ejecutivos por igual.

     El olor a carne cocida y a salsa de soya inundó la nariz de Wraith, y no pudo evitar sentir la punzada del hambre en su estómago. Dio una rápida ojeada a su alrededor, eligiendo un puesto de yakitori que se veía (o más bien olía) prometedor. Acto seguido sacó una de sus billeteras recién adquiridas, tomó un par de billetes de su interior y se dirigió sin prisas hacía el pequeño puesto de comida, sin poder evitar sonreír en el proceso.


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