domingo, 15 de marzo de 2015

Hong Kong 01


      El lento atardecer había terminado por fin, y la oscuridad se cerraba sobre las calles abarrotadas de gente. Sin embargo, las luces de la ciudad reaccionaron con velocidad, prendiéndose al unísono, como si temieran la llegada de la noche, inundando las calles con su resplandor artificial. Además del alumbrado excesivo de los andenes y de las infinitas luces de las ventanas de los rascacielos corporativos, incontables anuncios de neón se encendieron a lo largo de las calles, señalando todo tipo de negocios legales e ilegales. Incluso al mirar al horizonte, al otro lado de la Bahía Victoria, se veían las brillantes luces del enorme puerto de carga que seguiría trabajando hasta muy altas horas de la noche, casi sin descanso. Y detrás del puerto la enorme mole de la arcología de la sociedad portuaria inundaba el cielo, recubierta de innumerables puntitos de luz.

     “-Hay cosas que no cambian” -pensó Wraith mirando al horizonte, sin prestar atención a la multitud que le rodeaba-. “Al menos cinco milenios de civilización documentada, y seguimos teniendo miedo a la oscuridad”.

      Miró su reloj para constatar -de forma innecesaria- que aún tenía mucho tiempo antes de la reunión, y continuó deambulando sin rumbo entre las calles atestadas. Por regla general solía evitar las multitudes; pero aquí, en la isla, se encontraba absorto en el remolino de etnias y de idiomas que le rodeaba, como si alguien hubiese comprimido el mundo en unas pocas manzanas como parte de algún extraño experimento social, o como si la maldición de Babel hubiese caído de repente sobre una atestada ciudad moderna, dejando a sus habitantes incapaces de comunicarse entre sí en una lengua común.

      Además del inglés y el mandarín que eran los idiomas oficiales de lugar, podía reconocer a su alrededor conversaciones en al menos una docena de diferente de idiomas, tanto europeos como asiáticos, sin contar los innumerables dialectos chinos que se escapaban a su comprensión. Y las caras de los hablantes eran tan diversas como sus voces, los impecables ejecutivos ingleses, chinos y japoneses se entremezclaban con los marineros africanos, los turistas alemanes, los exportadores norteamericanos, y un mar de prostitutas, contrabandistas y buscavidas de todos los rincones del globo.

      Era fácil perderse entre la multitud, arrastrada por el barullo, los ríos de caminantes y las luces de neón, convirtiéndose simplemente en una gota más de este maremágnum humano; pero incluso en medio de este caos Wraith se sentía como una pequeña isla inaccesible, un simple observador metido en una jaula de Plexiglas en medio de una selva. Sus sentidos permanecían tan alertas como siempre, y por eso había notado con facilidad al par de tipos que lo seguían desde hace 8 minutos, intentando confundirse entre el entorno, pero manteniéndose siempre atentos a sus movimientos.

      “-Son profesionales” -pensó, mirándolos de forma indirecta con su visión periférica, mientras simulaba mirar un puesto de comida a unos pocos metros de ellos-, “saben mezclarse con una multitud y mantener la distancia sin perder el rastro de su objetivo, y ambos van armados. Tienen pinta de euromercenarios; pero no parece que su misión sea atacarme, al menos por ahora. Así que vamos a jugar un poco…”

      Fingiendo que no los había notado, siguió caminando de forma errática, aparentemente distraído por los anuncios, el ruido y la multitud; sin embargo, en su mente se dibujaba con claridad un mapa de la isla, y poco a poco empezó a dirigirse hacia un área que a esa hora tendría menos transeúntes. Después de unos minutos los mercenarios parecieron darse cuenta de sus intenciones, y empezaron a acortar la distancia que los separaba.

      “Son buenos” -pensó, al darse cuenta que habían descubierto su treta-, ahora vamos a ver cuánto”. -Y de forma súbita, con un par de pasos acelerados, se introdujo en un estrecho callejón lateral…


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada