jueves, 18 de julio de 2013

BMA 01




     Andersen estacionó tranquilamente frente a la casa. Se tomó un instante para arreglar su corbata en el espejo retrovisor, y apagar el radio, donde la voz de Sinatra sonaba sin cesar. Al principio le desesperaba el tono melancólico de su música; pero el viejo insistía en ponerlo una y otra vez, y a él había terminado por gustarle. Por último abrió la guantera y saco su placa, pero dejó el arma de dotación. Había venido a hablar, no a pelear, y la verdad nunca -desde que acepto el trabajo como agente- la había necesitado.

     El viejo salió primero del auto, tarareando todavía la canción. Y lo esperó a un lado de la puerta, mientras estiraba las piernas. Pasaba ya de los cincuenta, lo cual era el motivo de su apodo, y la edad le daba una apariencia casi inofensiva, con su constante expresión de padre de familia bonachón. Pero Andersen no se dejaba engañar por las apariencias, el viejo seguía siendo tan eficiente y letal como siempre, y remplazaba la juventud perdida con un instinto aguzado por los años.

     -¿Te acompaño? –dijo con tranquilidad mientras encendía un cigarrillo.

     -No hay necesidad abuelo, es una vieja conocida. Solíamos llevarnos bastante bien, y lo máximo que puede pasar es que me eche un jarro de café caliente encima y me mande a la mierda.

     -OK –dijo con tono calmado, sin dejar de fumar-. Estaré aquí afuera, cuidando el perímetro. Pero no te demores demasiado, recuerda que es ilegal follarte a alguien que está en protección a testigos.

    -Tranquilo viejo –dijo Andersen sin poder evitar reírse-. No nos llevábamos TAN bien, aunque no puedo negar que siempre le tuve ganas; pero tendré presente tu consejo.

    Sin dejar de reír, Andersen se dirigió hacia la puerta.  Se tomó un instante para recomponerse, y tocó un par de veces con suavidad. Estuvo tentado a usar la vieja clave, pero pensó que podría llegar a ser contraproducente. Espero un instante y nadie respondió. Volvió a tocar con más fuerza, pero el resultado fue idéntico. Sabía muy bien que Elisa estaba allí, así que toco por tercera vez. Nada.

     -Vamos –dijo en voz alta, para que lo oyera con claridad-, sé muy bien que estás allí. Si no abres la puerta, voy a tumbarla, con la excusa de que pensé que estabas en peligro.

   -Está bien –respondió una voz que incluso a gritos no dejaba de ser melódica-, ya abro. Esa puerta es de caoba y me costó una fortuna, ni se te ocurra romperla.

     Oyó pasos que se dirigían hacía el, y el ruido de la cerradura al abrirse. La puerta se abrió lentamente, y Elisa quedo frente a él, mirándolo con desgano. Había envejecido un poco desde la última vez que la viera, y estaba vestida de manera formal, muy diferente a los trajes de diva que solía usar en la vieja época; pero seguía tan bella como siempre, e incluso más. Se miraron por un instante a los ojos, y ella pudo percibir -con cierta satisfacción- el resurgir del antiguo deseo en la mirada de él, a la vez que él veía la preocupación disimulada en la mirada de ella.

     -¿Qué forma es esta de recibir a los viejos amigos? -dijo él, rompiendo el pesado silencio- Casi me toca rogar para que me abras la puerta. No recuerdo que hayamos quedado tan mal.

     -No eres tú querido -dijo ella con un suspiro-, sino las noticias que las que eres heraldo.

    -¿Te han dicho algo?

    -No, a mí nadie me dice nada. Pero no es necesario, basta con verte para saber que no puede ser nada bueno. Así que déjate de rodeos, y dime que trae a Overkill a mi puerta.  

martes, 9 de julio de 2013

Koryna 02


     La cabeza de Koryna daba vueltas, a punto de estallar. Al principio quiso pensar que todo era una suerte de broma cruel, y de muy mal gusto, de parte de él; Sin embargo, algo en su mirada le decía que había dicho la verdad. Decenas de preguntas se agolpaban queriendo salir, sumiéndola en un completo caos, pero sólo una logró llegar a sus labios…

     -¿Por qué?

     -Bueno -dijo él haciendo una pausa, buscando las palabras adecuadas, aunque sabiendo de antemano que tales palabras no existían-… Esto sonará cínico y cruel, y muy probablemente lo sea, pero lo hice por ti, por tu futuro.

     -¿Por mí? –La voz de Koryna se llenó de rabia e incredulidad- ¿Te atreves a decir que fue por mí? Es la cosa más absurda que haya oído jamás. Todo lo que estás diciendo es absurdo…

     -Eras la última hija de la familia, y tus padres eran ya bastante mayores –la interrumpió él, recuperando un poco de su calma habitual-, estabas condenada a cuidar de ellos hasta que murieran de viejos. En unos pocos años tu padre no hubiese podido seguir con los trabajos del campo, y tu sola no hubieras podido tampoco. Así que te hubieras visto obligada a buscar marido para poder seguir cuidando la granja de la familia. Y esa hubiera sido tu vida… Todo tu talento, todo tu potencial desperdiciado... Ellos ya habían cumplido su ciclo, y disfrutado los largos años de su vida. No era justo que se volvieran una carga tan pesada para ti.

     -¡Pero eran mis padres! ¡Yo los amaba! ¡¿Quién te da derecho a tomar esas decisiones?!

     -Si te da algo de consuelo, murieron sin dolor alguno. Sólo fueron sumiéndose en un sueño tranquilo y dulce, hasta que su corazón dejo de latir -hizo una pausa, recuperando por completo la compostura-. ¿Es qué no entiendes? ¡Mírate!  Hice de ti un héroe. ¿Cuántos reinos has visto? ¿Cuántas historias has vivido?

     -¡Y qué importa! –Dijo ella, cada vez más furiosa- Cambiaría todo eso por su vida, por ver a mi padre sonreír al ver el campo dorado listo para la cosecha, por ver a mi madre en la cocina preparando el desayuno. ¿Qué importa el oro o la gloria frente a eso?

     -Ahora eres tu quien está siendo egoísta -respondió él, y sus palabras sonaron duras como el acero- No hice esto sólo por ti. Dime, ¿Cuánta gente has ayudado durante este tiempo? ¿Cuántas villas como la tuya has defendido? ¿Cuántas vidas has salvado a lo largo de estos años? ¿Eso tampoco importa? ¿Cambiarías todas esas vidas y toda esa felicidad por la vida de tus padres?

     -Yo… yo… -La voz de Koryna se hizo tenue, al darse cuenta que no tenía como responder.

     -No lo harías, ¿Cierto? A lo largo de estos años has aprendido el valor del sacrificio, y has visto la necesidad, la enorme necesidad, que tiene la gente de ayuda, de alguien que los salve.  El dolor de tu propia perdida se convirtió en una fuerza que te ha llevado a buscar constantemente sanar el sufrimiento de los que te rodean.

     Ella lo miró por un instante, y vio una increíble profundidad en sus ojos, y el peso de incontables años. -¿Quién eres?

     -He tenido tantos nombres que ya importan poco para mí.  Digamos simplemente que alguna vez quise ser héroe, pero terminé convertido en villano. Mis crímenes fueron grandes, e igual de grande ha resultado mi castigo, y ahora vago errante y condenado, buscando redención…

     -¿Redención? –Dijo ella, buscando ser dura, pero sin poder escapar del todo a la gran carga que veía en sus ojos- ¿Y para eso matas a los padres de las niñas?
   
     -¿Es que no lo has visto aún Koryna? Mi condena es ser el gestor de lo que yo no pude ser. Soy una forja de héroes…