martes, 28 de mayo de 2013

Wraith 05



      
      El descenso, aunque rápido, fue por completo silencioso.  Los pisos que los separaban de Reaper fueron quedando atrás uno tras otro con celeridad, y muy pronto, casi de manera súbita, se encontraron a pocos metros por encima de su objetivo. 

     Wraith, que lideraba la marcha por poca distancia, levanto el puño cerrado para indicar un alto y se desplazó lentamente  al borde de la escalera, para ver hacia los pisos inferiores.  –“Una sombra haría más ruido” -pensó Blackhand, antes de que su compañero retrocediera un paso para seguir dándole información con señas.

     Un solo guardia. Fuertemente armado. Dos metros más abajo. Yo me encargo… Protocolo RF5…
 -¿¡Protocolo RF5?! - pensó el sargento totalmente sorprendido, al punto de casi protestar en voz alta, pero logró contenerse. Se adelantó un par de pasos, con la intención de hacer retroceder a Wraith; pero ya era demasiado tarde. De repente, el retumbar de los disparos se convirtió en un ruido ensordecedor  y el mercenario volvió a desaparecer frente a sus ojos.

     Ni modo, sus hombres habían iniciado el ataque, y ya no podía hacer nada salvo seguir adelante. Pero Wraith tendría mucho que explicarle cuando todo terminara, aunque tuviera que sacarle la verdad a tiros. Contó una vez más el tiempo, y  se precipitó por la escalera. El guardia estaba muerto ya, con la garganta abierta de lado a lado, y un par de metros más adelante empezaba el caos.

   Sin embargo, los pandilleros habían mordido el anzuelo, ninguno parecía haber notado aún a su compañero degollado, y ni un solo disparo salía en esta dirección. Toda la acción se concentraba en el lado contrario, en la escalera principal, donde los hombres de Blackhand presionaban con toda su potencia de fuego.

     -“Es como pescar en un barril” –pensó el sargento viendo tantas espaldas expuestas sin ningún cuidado. Puso su arma en modo automático y disparo la primera ráfaga larga sin temor alguno. La munición militar de alta velocidad atravesó carne y metal  con total facilidad, y al menos media docena de tontos cayeron antes de que supieran que estaba pasando. Rápidamente retrocedió sobre sus pasos, para evitar el fuego de respuesta  y se atrinchero en las escaleras auxiliares por las que habían bajado.

     Tal como esperaba, una lluvia de plomo barrió por completo el lugar donde se encontraba un par de segundos antes, de forma totalmente ineficaz. Un instante después un hombre apareció por el hueco de la escalera disparando hacía arriba, y alcanzó a gritar “es uno solo”, antes de que una bala de Blackhand le abriera la cabeza en dos.

     Se aplastó todo lo que pudo contra el suelo, para ofrecer el menor blanco posible, y se quedó totalmente inmóvil. Tal como esperaba, varios hombres siguieron los pasos del caído, y empezaron a subir apiñados por la escalera disparando de forma indiscriminada. El ruido era atronador y las balas restallaban por todos lados a su alrededor, e incluso algunas llegaron a rozarlo; pero su armadura evito cualquier daño. Aguardó a que agotaran su munición, y en el momento en que los oyó detenerse para recargar se levantó ligeramente, preparado para regresar el fuego.

     Sin embargo, no fue necesario. En el preciso momento en que Blackhand levantó la cabeza pudo ver a Wraith aparecer -como una sombra- detrás del pequeño grupo, cuchillo en mano, sin que ninguno de ellos alcanzara a notar su presencia. Hundió la hoja con facilidad en la nuca del más cercano, entre la primera y segunda vertebra, y cuando el siguiente giro para ver qué pasaba le cercenó la garganta antes  de que alcanzara si quiera a gritar. A los otros tres no les fue mejor, estaban sin munición, y tan juntos en la estrecha escalera que no podían moverse. Intentaron pelear, pero fue en vano, y cada ataque del mercenario representaba una nueva víctima. El último cayó con el corazón perforado, y Wraith se tomó un segundo para verlo morir antes de sacar el cuchillo.

     Terminado el breve espectáculo, que le había tomado menos de medio minuto, el mercenario volvió a dirigirse a Blackhand en lenguaje de señas: 12 hombres adelante. Rodeando al objetivo. Acabar con todos. Realizar la extracción. Dame fuego de cobertura.

     Desapareció de inmediato y Blackhand bajó las escaleras a toda prisa, siguiéndolo. “¿Para qué demonios puede querer a Reaper vivo?” –pensó una vez más. Habían sido compañeros de armas durante la guerra, es cierto; pero los tres no se habían visto en años, y sólo por casualidad hoy…  -La idea llegó de súbito a su mente- “No existen las casualidades imbécil”…

      Ahora era obvio, alguien había preparado el encuentro…  Y sólo podía haber una razón…

jueves, 9 de mayo de 2013

Wraith 04

 …12, 13, 14, 15.

Blackhand empezó a subir las escaleras a toda velocidad. Sólo unos pocos metros lo separan de la azotea y le bastaron un par de segundos para recorrerlos, a pesar de lo inclinado del trayecto. Wraith había dejado la puerta abierta, así que pasó al techo de inmediato, inclinándose un poco y bajando la cabeza, para ser un blanco más pequeño, pero sin disminuir el ritmo de su avance.

Se refugió de inmediato en el pequeño muro que rodeaba la gran plataforma, ocultándose de cualquier posible guardia en el edificio contiguo, y empezó a contar nuevamente. Mientras tanto, se tomó un instante para comprobar una vez su arma, más por costumbre que por necesidad. El sub-fusil era de última generación, fabricada por Militech, y a pesar de su tamaño reducido tenía un rango de disparo bastante amplio. Blackhand, por su parte, se había permitido alegremente hacerle unas cuantas modificaciones para incrementar la potencia de fuego, al tiempo en que había cambiado la munición regular de la policía por balas de punta reforzada de uso militar, por lo que podía ignorar la mayoría de los blindajes, salvo los de mayor nivel, aunque para esos se guardaba un par de trucos bajo la manga.

...14, 15.

Tomo un respiro profundo y contuvo el aliento, mientras los inyectores de adrenalina alojados en su nuca empezaban a hacer su trabajo, y se levantó rápidamente unos centímetros por encima del muro para mirar hacia su objetivo. Tal como esperaba, cuatro hombres fuertemente armados custodiaban el techo, atentos al cielo, probablemente esperando un asalto aéreo. Busco rápidamente al que estuviera más distante de su posición, y, sin darse más de un segundo para apuntar, hizo fuego. La bala entró limpiamente en la cabeza del pandillero, derribándolo, al tiempo en que el sonido del disparo ponía sobre alerta a sus compañeros.

Perdida la sorpresa, sólo le quedaba la velocidad, así que busco de inmediato un nuevo blanco, siguiendo el orden preestablecido. Hizo el segundo disparo casi sin apuntar; pero con la misma eficacia del primero. Sin embargo, cuando quiso apuntar al tercer hombre, se dio cuenta que los dos guardias faltantes se encontraban ya en el suelo, ambos con las gargantas cortadas; pero no pudo ver rastro alguno de Wraith.

Sin perder el tiempo, retrocedió unos metros en dirección a la puerta de la azotea, y se devolvió,  tomando carrera para saltar. Doce metros separaban ambos techos, y aunque era una distancia superable, no dejaban de haber 80 metros de caída libre por debajo de él. Trato de no pensar en la caída mientras daba el salto, manteniendo sus ojos fijos en su punto de llegada, pero tuvo que aceptar que el par de segundos que estuvo en el aire se le hicieron eternos.

Llegó sin mayores contratiempos a su destino, girando un poco al caer para disipar el impacto. De inmediato se levantó apuntando hacia la puerta, preparado para cualquier nuevo enemigo que pudiera aparecer.

-No hay nadie más -susurró la voz de Wraith, al tiempo en que aparecía a su derecha, a pocos metros de distancia-. Y dudo que haya guardias más adelante. Reaper debe tener al grueso de sus hombres junto con él. Ninguno de estos infelices tuvo tiempo de alertar a nadie, así que supongo que pasaran unos minutos antes que noten su ausencia.

-Sí -respondió Blackhand, mientras recargaba su arma a pesar de haber hecho sólo dos disparos-, pero no serán muchos, Reaper no es imbécil.

 -Pero serán suficientes. Andando, tus hombres ya deben estar en posición. No podemos llegar tarde a la fiesta…