jueves, 25 de abril de 2013

Wraith 03

     

     Una vez claro el plan de acción, todo se puso en marcha de inmediato. Fue muy fácil para ambos pasar al siguiente edificio, a pesar de los 5 o 6 metros que los separaban, y empezar a subir a toda velocidad, manteniéndose lo más alejado posible de las ventanas que daban hacía los pisos en los que se encontraban Reaper y sus hombres. No encontraron nada que obstaculizara su paso y, salvo por dos o tres vagabundos drogados que dormitaban en los rincones, nadie habitaba la vieja estructura.

     En muy poco tiempo se encontraron en el último piso, frente a la escalera que llevaba a la azotea. Habían ganado un par de minutos con respecto a lo programado, así que aprovecharon para hacer una muy breve pausa.

     -Excelente -dijo Wraith sin demostrar ningún cansancio por la rápida subida- vamos muy bien de tiempo, sólo espero que tus hombres se apeguen a lo planeado.

     -Lo harán -respondió Blackhand al tiempo que regulaba su respiración-. Para bien o para mal, son bastante buenos para seguir órdenes. 

     -Ninguno estuvo antes en la milicia, ¿Cierto? –dijo Wraith con evidente sarcasmo.

    -No -respondió a su vez Blackhand, sin poder evitar reírse-, son verdaderos policías. Todos fueron patrulleros antes de entrar al SWAT. La gran mayoría fueron heridos de gravedad en servicio activo, y tuvieron que ser re-manufacturados. Después de lo cual fueron transferidos al Cyber-SWAT.
  
     -Así que ni siquiera están aquí por su propia elección. Mal por ellos; pero mejor para nosotros. Gracias a ello es que todavía la gente como tú y yo tiene algún valor, y es por eso que nuestros cheques son más gordos.

     -Sí, así es. Aunque supongo que tú ganas más que yo, aunque prefiero no preguntar. No quiero saber en qué consiste realmente tu trabajo. En fin, se nos acaba el tiempo fuera, hora de regresar a la acción. Supongo que seguiremos el procedimiento habitual, ¿cierto? 

     -Sí –dijo Wraith mientras se reacomodaba el casco-. Yo voy primero. Dame 15 segundos y luego sube tú. Ve hasta el borde, sin que te noten. Imagino que hay guardias en la otra azotea. No importa, estamos dos o tres pisos por encima de ellos, y no será fácil vernos. Cuando estés en posición dame otros 15 segundos, y luego comienza a dispararles, empezando por el que esté más lejano a la cornisa. Cuando este despejado, salta.

     Blackhand asintió con un leve movimiento de cabeza, al tiempo en que preparaba su fusil. Un segundo después Wraith despareció, literalmente, frente a sus ojos. Era el mejor sistema de camuflaje termo-óptico que el sargento hubiera visto o, más bien, que no hubiera visto. El mercenario se desvaneció por completo, y salvo por la casi imperceptible vibración del suelo, a medida que subía los pocos escalones faltantes, era imposible notarlo. 

    -Debe tener supresores de sonido -pensó Blackhand con sorna mientras contaba el tiempo-, como si los necesitara…

martes, 9 de abril de 2013

Los Bosques de Worcester 04 (Lado B)




          Sólo tomó un par de minutos que el conductor se bajará del vehículo y abriera la enorme verja que marcaba el inicio de la propiedad. Un empleado de Talassian hacía de custodio,  y al parecer lo reconoció de inmediato ya que, después de un breve saludo, le ayudo en su tarea. Un instante después dejaban atrás la entrada, y se dirigían lentamente a la vieja casona, ubicada unos quinientos metros más adelante, en la cúspide de una muy ligera colina que gobernaba el pequeño feudo.

Mary les esperaba en la terraza, a pesar de ser noche profunda, y los ojos noctámbulos de Jonathan le permitieron apreciarla con claridad a medida  que se acercaban a la casa. Los años parecían, a pesar de todo, haberla tratado bien. Sí bien había superado por poco los cuarenta, parecía todavía en los inicios de la treintena. Y su belleza no sólo se había mantenido, sino que había madurado, haciéndola aún más atractiva. Ya no era la adolescente rubia, encantadora y alocada que viera la última vez. Se había convertido en  una mujer solemne, regia, igual de hermosa que siempre; pero mucho más imponente. Sólo las finas arrugas que aparecían en las comisuras de sus profundos ojos azules delatan los duros momentos que había pasado en los últimos años, al igual que la tristeza que se reflejaba en sus pupilas apagadas delataba su soledad.

A medida que el automóvil se acercaba, su sobrina se mantuvo firme en su lugar, intentando demostrar compostura, aunque cualquier par de ojos atentos hubieran podido ver con facilidad su nerviosismo. Una vez el vehículo se detuvo, Raven esperó a que el conductor les abriera las puertas, y dejó que Sophia bajara primero. El gesto podía parecer arrogante; pero la verdad era la primera vez que veía a uno de sus familiares en varias décadas, y el mismo no sabía muy bien cómo encarar el momento. Finalmente suspiró, en un gesto que todavía le resultaba natural a pesar de todos los años sin respirar, y resignándose a lo inevitable salió del auto.

Mary se adelantó de inmediato para recibirlo, tal como dictaba la etiqueta, y fue evidente que se quedó atónita al verlo de cerca. Intentó balbucear un saludo pero fue incapaz de decir algo comprensible. Después de un breve silencio incomodo, fue Jonathan quien rompió el silencio.

-Mary Elizabeth Raven –dijo con voz de evidente seriedad fingida, como quien regaña falsamente a un niño-, te recuerdo que es tu obligación recibir a tus visitas, al igual que saludar a tus mayores con cortesía. Es de muy mal gusto eso de hablar entre dientes...

Mary lo miró, sorprendida por el falso regaño, y se enrojeció. Se miraron fijamente por un instante, y de repente ambos estallaron en carcajadas.

-Es un verdadero gusto ver nuevamente a mi sobrina favorita -añadió en un tono afectuoso-, estás tan hermosa como siempre.

-Yo… Yo también me alegro de ver a mi tío favorito –dijo finalmente Mary, recuperando poco a poco la compostura-. Es solo que es increíble… No has cambiado en lo más mínimo, eres igual que como te recordaba.

-No mi niña, ambos hemos cambiado, y mucho, aunque parece que al menos en tu caso ha sido para bien. Tenemos mucho de qué hablar, pero creo mejor que lo hagamos adentro.

En un gesto súbito Mary dio un par de pasos al frente y lo abrazó con fuerza. Jonathan la rodeo tímidamente con sus brazos, y pudo sentir la calidez de su cuerpo, el ritmo de su respiración, y el golpeteo de los latidos de su corazón. Ella, por su parte, no pareció notar que en él faltaban esas tres cosas.

-Me alegro tanto de que estés aquí tío Jonathan –dijo Mary sin soltarlo-, me sentía tan sola en este enorme caserón abandonado.

-Yo también me alegro de verte Mary –respondió a su vez Jonathan, sorprendido de la sinceridad de sus propias palabras-, yo también me alegro de verte…