sábado, 30 de marzo de 2013

Wraith 02






     Blackhand no se permitió bajar la guardia en ningún momento, a pesar del tono amable y pausado de su interlocutor. Se mantuvo tenso como una hoja de metal, con la atención fija en el cuchillo con el que jugueteaba el mercenario, esperando que en cualquier momento Wraith intentara atacarlo.

     -Hermoso,  ¿verdad? -Dijo de repente Wraith levantando el arma, para que el sargento pudiera verla mejor- Esta hecho de una aleación especial de titanio, increíblemente ligera y resistente. Tiene un pequeño motor oculto en la empuñadora, que hace que la hoja vibre de forma sub-sónica. Puede cortar a acero con total facilidad, y sin todo ese escándalo de las armas de fuego.

     -Fascinante -respondió Blackhand con un tono evidentemente irónico, para luego continuar con su tono normal-. Supongo que es perfecto para ti. Siempre te ha encantado pasar desapercibido, y llegar sin avisar.

     -La muerte debe llegar así –respondió a su vez Wraith, con total naturalidad-, de forma inesperada y silenciosa. Es más fácil aceptarla de esa forma, sin tiempo para arrepentimientos tardíos ni suplicas inútiles.

     El sargento empezó por fin a creer que el esperado ataque del mercenario no llegaría, aunque no se permitía aceptarlo del todo. Verdad era que en sus años en el frente Wraith nunca lo había traicionado, ni le había dado una razón realmente válida para dudar de él; pero era igualmente cierto que nunca había logrado confiar en ese hombre. Era demasiado sincero, demasiado directo, demasiado frio frente a la muerte, demasiado calmado frente a la crisis, como si se creyera intocable o inmortal, o como si simplemente nada le importara en realidad.

     Blackhand había visto, en sus años de mercenario y también en los de policía, muchos hombres sin temor a la muerte; pero ninguno que se pareciera a Wraith. Eran hombres que a pesar de su calma aparente estaban desesperados o enloquecidos. Hombres que no tenían nada que perder, y por ende ya nada que temer. Wraith (nunca había conocido su verdadero nombre) no era así. No había ningún atisbo de furia o de locura en su mirada, ni tampoco vacío. Y si mirabas directamente a sus ojos lo único que te encontrabas era una calma gris e infinita, gélida, incluso en medio de la más atroz de las batallas.

      Y lo más extraño de todo, ¡Wraith era humano! Es decir, biológicamente humano. Hasta donde sabía, debajo de su traje de batalla era totalmente humano, sin partes electrónicas salvo por el inyector de adrenalina, algunos chips de mejora en su cerebro y un puerto de conexión universal en su muñeca derecha. La mayoría de los mercenarios como ellos era más metal que carne, Blackhand mismo había remplazado su brazo izquierdo, al igual que ambos ojos y oídos, y tenía el torso lleno de blindaje, y esto era lo que se hacía más difícil de creer. La mayoría de sus antiguos compañeros de unidad encontraban eso totalmente increíble, y se negaba a aceptarlo, sobre todo por la increíble eficiencia que demostraba el mercenario. Pero Blackhand siempre había sabido que era cierto, y creía ver en eso la verdadera razón de su habilidad.

     -Bueno Blackhand -habló nuevamente  Wraith, al tiempo en que apagaba el cigarrillo en una pared, sobre una mancha de sangre fresca-, no podemos perder más tiempo. Tenía la esperanza de que llegara pronto alguna otra unidad, pero tal parece que deberemos bastarnos por nosotros mismos. De todos modos, es una suerte que estés aquí. Dejaremos a tus hombres en este lugar, y nosotros subiremos al techo.

     -¿Cortaremos las rutas de escape?

     -No, eso es lo que harán tus hombres al quedarse aquí, además de generar algo de distracción. Nosotros bajaremos de los cielos sobre Reaper y sus hombres, y llevaremos el infierno entre ellos.    

miércoles, 13 de marzo de 2013

Wraith.


El sargento Blackhand levantó el puño cerrado para detener a su equipo. Ahora estaba seguro, había vuelto a oír disparos, y si bien tal cosa no tenía nada raro en esta área de la ciudad (ni en ninguna otra), estos venían del lugar al que dirigía su unidad. ¿Qué demonios estaba pasando? Si bien no eran la única unidad de Cyber-SWAT que había respondido al llamado, sí eran, sin lugar a dudas, la más cercana al objetivo y por ende la primera en llegar. Así que no podía ser alguno de los otros equipos, y la policía normal no se atrevía a entrar en este sector de la ciudad.

Por lo tanto, eliminadas tales opciones, sólo podía tratarse de un tercer participante. ¿Pero quién? Las bandas rivales no se atrevían a enfrentarse a Reaper Jack, le tenían demasiado miedo, y por la misma razón era improbable una revuelta interna... Aunque nunca faltaba el estúpido que se levantaba una mañana creyéndose más afortunado que de costumbre…  En fin, era una pérdida de tiempo sentarse a divagar, tenían que continuar avanzando de inmediato, no había tiempo que perder. Hizo señas para poner a su equipo en máxima alerta, y continuaron con su marcha rápida pero silenciosa.

Le habían seguido el rastro a Jack durante meses, y había sido como perseguir una sombra. Hace menos de 30 minutos un satélite de vigilancia había confirmado -con 80% de veracidad- su presencia en el viejo edificio un par de cuadras adelante, y automáticamente se había puesto en marcha la operación, moviendo todas las unidades de Cyber-SWAT disponibles.  El grupo de Blackhand se preparaba para una redada a menos de un kilómetro del objetivo, y había cambiado su curso de forma automática, con orden de no esperar a los refuerzos.

Avanzaron con velocidad hasta llegar al viejo edificio sin encontrar ningún tipo de resistencia, sin volver a oír nuevos disparos, y se prepararon para entrar. La leve brisa que recorría la calle venía cargada con el olor de la sangre, y la tensión casi podía palparse en el viento. El sargento dio la orden, y la puerta voló por los aires. Como si fueran un solo hombre, los 12 miembros de la unidad se precipitaron de forma rápida y coordinada al interior de la derruida construcción, asegurando la primera estancia, y preparándose para una bienvenida hostil.

Sin embargo, no hubo ni un solo disparo de recibimiento, y no encontraron un solo guardia en la primera planta, ni tampoco en la segunda. Al llegar al tercer piso encontraron los primeros cadáveres, dos hombres degollados -casi decapitados-  que parecían haber muerto en el lugar donde se encontraban, sin que nadie hubiese movido aún los cuerpos. No parecían haber alcanzado a disparar una sola bala… Como si la muerte los hubiese encontrado de repente, sin darles ningún aviso, ni tiempo para reaccionar.

A medida que fueron subiendo, el espectáculo fue haciéndose cada vez más desagradable, el número de cuerpos aumentaba en cada piso, al igual que la brutalidad de las muertes. Empezaron a encontrar señales de lucha -eso explicaba los disparos que habían oído-; pero no había señal alguna del agresor. Blackhand no había visto una escena similar en todos sus años de SWAT, y la crudeza de lo que veía lo regresó mentalmente a sus años en la milicia, y a la brutalidad de la última gran guerra de recursos en el Amazonas, hace ya casi una década.

Algo llamaba especialmente la atención del sargento, y lo inquietaba: la gran mayoría de los pandilleros caídos habían sido pasados a cuchillo, y los pocos que tenían marcas de disparo más parecían haber sido simples victimas del fuego cruzado, que blancos de un ataque intencional. Era como si el agresor no hubiera disparado una sola bala a lo largo de su recorrido, pero eso era casi inconcebible. Menos aún en un lugar tan fuertemente custodiado. Ningún hombre era tan hábil como para… ¡Imposible! –se dijo a si mismo de repente, de forma abrupta, con un susurro casi inaudible- Nadie ha sabido nada de él desde la guerra…

Se regañó mentalmente por haber roto su silencio, aunque nadie hubiera alcanzado a oírlo. Sin embargo, la duda siguió creciendo en su interior a medida que seguían subiendo escalones. Alguna vez, hace mucho tiempo, había conocido a un hombre capaz de tal cosa, su antiguo jefe de unidad en Centroamérica, antes de su entrada a la fuerza policial, en las épocas en que aún era un mercenario al servicio de Arazaka… Un hombre al que temían por igual sus enemigos y sus aliados, y que hizo respirar a todos tranquilos cuando fue dado por muerto.

O tal vez solo creímos que estaba muerto -dijo mentalmente para sí- tal vez sólo quisimos creer que estaba muerto…

Sin embargo, al llegar al sexto piso, tuvo que dejar a un lado sus cavilaciones. El espectáculo era dantesco, incluso para sus hombres, tan acostumbrados a la muerte y la violencia. Una gran cantidad de cuerpos lacerados y deshechos se encontraban desparramados en la habitación, cuyo suelo estaba casi por completo cubierto de sangre. Los pandilleros habían caído unos sobre otros, como si se hubieran apiñado buscando seguridad, pero solo hubieran encontrado la muerte. 

De repente, y en medio del olor a vísceras y sangre, otro olor llego a su nariz… Tabaco y menta… Y todos sus temores se vieron confirmados…

Sé que estas aquí –dijo en voz alta, para desconcierto de todos sus hombres-, y sólo te pido que tengas la decencia de decirme de qué lado estas, antes de que empieces a atacarnos.

Tranquilo Blackhand –respondió una voz calmada, casi gentil, desde el otro lado de la habitación-. Trabajamos para el mismo bando. Jack está en el piso de arriba, atrincherado con una gran cantidad de hombres, tienen armamento militar y no veo la necesidad de arriesgarme de forma innecesaria. Así que fumaba un poco mientras esperaba los refuerzos que me prometieron.

                Todos desviaron de inmediato la mirada hacia la fuente de la voz, y vieron la silueta de un hombre, que hasta ese instante había pasado por completo desapercibido para todos. Estaba recostado contra la pared, fumando con total tranquilidad. Se encontraba envuelto en un marco de penumbra, pero portaba con claridad un uniforme igual al de ellos, con los emblemas de la ciudad.

                Wraith… -susurró Blackhand, aunque todos oyeron con claridad- Sabía que eras tú… Pero tenía la esperanza de que estuvieras muerto.

                Yo también me alegro de verte Blackhand -respondió el extraño sin cambiar su tono-, siempre es bueno tener a alguien competente cubriéndote la espalda. ¡Por Dios! No te veía desde Nicaragua. Sí, realmente ha pasado mucho tiempo... Solo espero que los años no te hayan hecho lento.