miércoles, 11 de julio de 2012

Cielo de Verano



Cielo de Verano subió el última parte de la colina con esfuerzo, resoplando y lleno de sudor. Era la parte más empinada del trayecto, y tuvo que detenerse en más de una ocasión para recuperar el aliento. Su hermano mayor, Viento de Invierno, que lo había acompañado con la excusa de protegerlo, estaba mucho más acostumbrado a este tipo de esfuerzos y había subido la colina sin detenerse,  tomándole bastante ventaja. No en vano Viento seguía la senda del guerrero, mientras Cielo era educado -por su propia elección-  para convertirse en la voz de los ancestros, y algún día sería el nuevo guardián del conocimiento de la tribu. Además, la carga que llevaba, si bien era bastante ligera, no dejaba de representar un peso extra.

No le faltaba mucho para terminar cuando el cansancio lo obligó a detenerse de nuevo. Levantó los ojos, buscando a su hermano con la mirada, y vio que había desaparecido, lo que significaba que Viento debía haber alcanzado ya la cima, y que debía estarle esperando con impaciencia. Se obligó a seguir adelante, aunque solo fuera por salvar un poco de orgullo, y forzó a sus piernas a avanzar. Luego de unos minutos -que el esfuerzo hizo que parecieran eternos-, logró llegar a la cima, y una ráfaga de brisa fresca lo recibió a manera de saludo.

Levanto la mirada, y perdió el aliento una vez más, pero esta vez ensimismado por la belleza del lugar. Las cascadas se encontraban, imponentes, del otro lado de la hondada, frente a ellos. Y más allá, el hermoso valle que conformaba el territorio de su tribu resplandecía en verde a la luz del sol de la mañana.  El viento subía con fuerza desde la cañada, y una gran multitud de aves navegaban en sus ráfagas, al tiempo en que la música de sus cantos -el de las aves, el del viento y el del agua- inundaba el lugar. 

Su hermano mayor se encontraba en el borde del terraplén, ensimismado por completo con el paisaje; pero su visión recordó a Cielo de Verano el porqué de su excursión. Dejo su carga sobre el suelo y empezó a extenderla, al tiempo en que comprobaba la dirección y fuerza del viento, y sonrió al ver que eran ideales. Era el momento perfecto para probar el planeador...