miércoles, 1 de febrero de 2012

Progenie.

Bueno, después de varios meses de inactividad (que incluyeron mis vacaciones de fin de año) retomo el blog, esperando esta vez sí poder mantener la continuidad y periodicidad del mismo. Con ustedes mi primer escrito del presente año, que si bien es bastante regular -a mi parecer-, al menos cumple con su función de ayudarme a romper la desidia y retomar la escritura una vez más. 

Progenie

La habitación se encontraba sumida por completo en la oscuridad, y su profundo silencio solo era permeado por el distante rumor de la multitud reunida en la sala de audiencias. Desde muy joven, en aquellos años en los que aún me encontraba con vida,  mucho antes de que las tinieblas se aferraran a cada fibra de mi ser, había buscado refugio en la oscuridad, el silencio y la soledad  cuando necesitaba aclarar mis pensamientos. Sin embargo,  aunque ahora más que nunca necesitaba un instante de abstracción, no se encontraba solo en la estancia. Sentado en el sillón frente a él se encontraba aquel que menos hubiera deseado ver en este preciso momento,  aunque su presencia en el lugar fuera lo más natural, dada la situación.

¿Te sorprende verme aquí? –Pregunto con su particular voz, tan calmada y a la vez tan intimidante.

No -respondí con sinceridad, tratando de usar un tono de voz igualmente sosegado- era fácilmente predecible que vinieras, a fin de cuentas, has sido el directamente agraviado con lo sucedido.

Es cierto  -respondió a su vez- somos muy pocos, y perder miembros prometedores es un lujo que no podemos darnos, sobre todo ahora que es tan difícil encontrar a alguien que sea capaz de llevar al carga de las serpientes con la debida honra.

No es fácil ser un asesino -dije, buscando medir en su rostro el impacto de mis palabras- y es más difícil aun ser un guardián. Es difícil no romperse en el proceso, incluso para aquellos que han sido criados con tal fin.

Es cierto - respondió una vez más, sin ninguna reacción aparente y mirándome de forma fija a los ojos, con la mirada gélida e hipnótica de una serpiente que acecha a su presa- Absalón fue un completo fracaso, e incluso Helena, de quien esperaba tanto, terminó por decepcionarme. De mis hijos más recientes, solo tú has estado a la altura, aunque supongo que eso tampoco debería ser motivo de sorpresa, siempre tuviste mentalidad de cruzado y comprendiste desde muy joven la pesada carga que representa tomar sobre ti el peso de un juramento.

Era él quien me media ahora con sus palabras, contemplando mi reacción, y el darme cuenta de ello, de la forma tan fácil en que invertía el juego, me hizo recordar lo fútil de tratar de enfrentarme a una criatura que ha vivido por siglos, tal vez milenios, medrando -depredando- desde las sombras. Cualquier intento de engañarlo era vano, y mi mejor arma no podía ser otra que la sinceridad, a la que tan poco estamos acostumbrados dentro de la estirpe. 

Padre -dije con un tono más personal y sin poder evitar sonreír ligeramente- este juego es innecesario, dime de frente lo que tengas que decir, sabes muy bien que no soy tan tonto como para intentar mentirte.

Esa es la actitud que esperaba de ti, hijo mío -y fue ahora él quien sonrió de forma casi imperceptible- dime, sin más preámbulos ¿Qué sucedió?

Lo que ya debes saber: Helena me siguió, sin autorización, hasta París, y una vez allí intento asesinar a Alejandra, la hija de Adriano. Como también debes saber, ya que supongo que Maximillian debe haberte informado, fui enviado en comisión a la ciudad, para ayudar a cierta facción local en un enfrentamiento directo contra la Lanza Sagrada.

Sí, todo eso ya lo sé -respondió, usando un tono más casual- tu sabes muy bien lo que realmente quiero que me digas, lo que realmente quiero que me dejes ver.

Sus ojos se centraron por completo en los míos, y pude sentir su presencia en mi mente, pidiendo permiso para entrar, permiso para permitirle ver por un instante a través de mis ojos, a través de mis recuerdos. Y aunque hubiese podido denegarme, nada habría obtenido con ello, por lo cual compartí de manera voluntaria con él mis memorias de los últimos instantes de la no-vida de Helena, de ese breve momento que alcance a presenciar, luego de haber llegado demasiado tarde para detener lo sucedido.

Entonces se atrevió a hacerlo –dijo después de unos segundos, para mi casi infinitos, de silencio- sin importar el peligro que representaba, incluso deleitándose en ello. Pobre de ella, ahora las sombras mismas circulan en sus venas, y el abismo se abre a sus pies aunque no pueda notarlo. Sin embargo, no por eso pienso compadecerme, este es un acto que no puede quedar sin castigo.

Eso lo tengo claro -respondí- sin embargo, es el castigo mismo el que me hace pensar. La pena normal a pedir sería la muerte final, pero dado el caso, me pregunto si tal petición nos sería realmente conveniente. Hace parte de una facción fuerte, que se resentiría profundamente con su muerte, y aunque estoy seguro que al final obtendríamos la victoria, los costos serían muy altos, al punto de que no me parece conveniente sumergirnos en tal batalla, sobre todo siendo esta innecesaria.

Es cierto -dijo, interrumpiéndome- sería un conflicto demasiado largo, y desgastante. Aunque supongo que esa no es la única razón por la que pretendes evitar la pena definitiva, ¿Cierto? Dime, ¿Qué representa ella para ti?

No lo se -respondí con total sinceridad- a momentos he llegado a odiarla, y también a amarla, si es que los vampiros podemos sentir realmente tales cosas. Lo único que puedo decirte con veracidad, es que junto a ella he tenido los sentimientos más cercanos a aquellos que era capaz de tener cuando aún era un mortal.

En ese caso, mi decisión está tomada –respondió de forma súbita y bastante animada- Hablaras una vez más con Adriano y le dirás que cambiaremos su vida por la entrega de Absalón, quien debe serme entregado sin sacarlo del letargo. En cuanto a la pena impuesta, no por eso será menos dura. ¿En qué has pensado?

En martirio por fuego, o por luz solar, sin llegar a su muerte verdadera

Una pena de martirio ¿eh? –Dijo él, de forma bastante complaciente- me parece una excelente idea, generosa en la medida de lo necesario, pero lo suficientemente cruel para satisfacer al público. Le dirás al jurado que yo, en mi calidad de sire, exijo que la acusada sea atada y expuesta a la luz del amanecer, sin que esta llegue a causarle la muerte final, según las antiguas costumbres.

Gracias -dije sorprendido por lo fácil que todo había resultado- ¿puedo preguntar a qué debo tu apoyo? Tú mismo me enseñaste que nada viene sin un precio.

Así es, y tú deberás compensar a nuestro linaje, no lo dudes, Y se perfectamente como lo harás. Hay demasiada distancia entre los neonatos y yo, me resulta demasiado difícil comprender su motivaciones mortales, sus anhelos y su visión…  Creo que es por esto que los últimos intentos de añadir nuevos hijos a mi familia han fracasado.  Tal vez tú logres hacerlo mejor…

¿No estarás diciendo que yo…?

Sí, hijo mío, ha llegado la hora de que tengas progenie…