lunes, 15 de agosto de 2011

Sin avisar...

Y hoy el olor de la mañana me ha traído de golpe, en medio de un océano de azul -pero fragante- nostalgia, todos esos recuerdos de dicha y esperanza que había venido enterrando a lo largo de los años en lo más profundo de mi mente para que no pudieran tocarme. Una escena tras otra aparece frente a mí, de forma súbita, desordenada  y caprichosa, llevándome a épocas pasadas. Épocas en las que era más sencillo, más noble, más torpe, pero más humano. Tiempos en los que en mi ser aun habitaban esas caprichosas hadas llamadas ilusiones y esperanzas, que hace tanto se fueron dejando la casa desolada y llena de flores… Y, curiosamente, aunque no puedo evitar que las lágrimas se agolpen en mis ojos, es mucha más la dicha que la tristeza que siento al recuperar todos esos viejos y extraviados momentos.